viernes, 5 de julio de 2013

Liderazgo: ¿Qué papel juega la inteligencia emocional?




En 1998 Daniel Goleman aseguró que si bien “inteligencia, firmeza, determinación y visión” son elementos claves de un liderazgo efectivo, también son insuficientes. En su investigación descubrió que los líderes verdaderamente efectivos se distinguen por un alto grado de inteligencia emocional, “que incluye la autoconciencia, la autorregulación, la motivación, la empatía y las habilidades sociales”.

Lo anterior suena bastante “lógico” si consideramos que las emociones determinan todas nuestras acciones. Si bien, las emociones vienen y van, los seres humanos estamos en contacto con estas—prácticamente—en todo momento; al despertar, al desayunar, al manejar hacia el trabajo, en el trabajo, con compañeros, colegas, amigos, al regresar a casa, al platicar sobre tu día, al ver la televisión y antes de dormir.

Sin embargo, en la actualidad todavía son muchas las empresas, instituciones, equipos y hasta familias que restan importancia a inteligencia emocional (con sus componentes) y su relación con el liderazgo. En pocas palabras, creen más en un liderazgo de “corte” militar: firmeza, disciplina, rigor, recompensa-castigo y represión emocional.

¿Los líderes nacen o se hacen? 

Por lo general y basándonos en nuestra propia experiencia, todos tenemos una opinión al respecto. “Durante décadas se ha venido debatiendo si los líderes nacen o se hacen” (Goleman).

Las investigaciones más recientes hablan de la existencia de un componente genético en la inteligencia emocional pero diferentes estudios psicológicos hablan de que la educación que recibimos desde pequeños también influye en nuestra capacidad de liderazgo.
“La respuesta es que ambas alternativas están en lo cierto” Un líder nace y se hace, al igual que algunos nacen con más cualidades para la inteligencia emocional pero esto no significa que los demás no puedan adquirirla o aprenderla.

En la actualidad existe un “boom” de talleres y entrenamientos encaminados a mejorar la capacidad de liderazgo mediante la inteligencia emocional. Goleman explica en su texto porque muchos de estos talleres son una pérdida de tiempo y dinero. “El problema es simple: se centran en la parte incorrecta del cerebro”.

 “La inteligencia emocional nace principalmente en los neurotransmisores del sistema límbico del cerebro, que controla los sentimientos, los impulsos y los estímulos. Las investigaciones indican que el sistema límbico del cerebro aprende mejor mediante la motivación, la práctica prolongada y la retroalimentación. Compárese con el tipo de aprendizaje que se produce en el neocortex, que controla la capacidad analítica y técnica. El neocortex se encarga de los conceptos y de la lógica. Es la parte del cerebro que deduce cómo usar una computadora o hacer una llamada de ventas con sólo leer un libro” (Goleman).
 
Muchos de estos programas se centran en la parte equivocada del cerebro, algo que incluso puede llegar a tener un impacto negativo.

La clave para mejorar la inteligencia emocional es: la motivación, la práctica prolongada y la retroalimentación”.

Pero más importante aún: un honesto deseo por hacerlo y un enorme compromiso.

Fuente Consultada:
Goleman Daniel “¿Qué hace a un líder?”  Harvard Buisness Reviewen América Latina. Octubre 2004.

Aporte:
Luisana González

Competencias Emocionales

Aporte: Luisana González

Liderazgo con Inteligencia Emocional





 En la actualidad las competencias que caracterizan a los líderes que están al frente de las organizaciones exitosas, no son exclusivamente las que están relacionadas con su conocimiento, experiencia y capacidad técnica. Las investigaciones han permitido concluir que lo que caracteriza a esos líderes ejemplares es su capacidad para inyectar en otros su energía, su pasión y su entusiasmo. 


Para tener capacidad de influir en otros, para poderlos conducir a visiones prometedoras, se requiere partir de la capacidad para liderar la propia vida. Esto es, el liderazgo es una fuerza que surge de dentro del individuo para poder tener efecto en los demás.

La inteligencia emocional del líder surge desde el interior a través de la conciencia de sí mismo y de su capacidad para la autogestión. Con base en estos dos dominios, puede ejercer influencia en los otros por medio de su conciencia social y de su capacidad para gestionar las relaciones que le permiten contagiar a los equipos de trabajo con un efecto multiplicador en la organización.


Con base en su autoconocimiento el individuo es capaz de visualizar sus metas y automotivarse para alcanzarlas venciendo con creatividad los obstáculos que puedan llegar a interponerse. Al estar consciente de sí mismo, de sus talentos y debilidades, de sus intereses, de sus reacciones y emociones se encuentra en un primer escalón para decidir a dónde y cómo quiere conducir su vida. Nadie puede motivar a otros si no es capaz de mostrar entusiasmo, el cuál se comunica por medio de su expresión facial, su tono de voz, su expresión corporal. Una persona capaz de motivarse a sí misma, refleja ante los otros entusiasmo y optimismo que son contagiosos.


La autogestión le permite al líder emocionalmente inteligente ser transparente, al ser capaz de expresar abiertamente sus creencias y sentimientos, ser flexible para responder oportunamente a los cambios, tener iniciativa para promover la acción y ser optimistas al enfrentar las situaciones adversas como oportunidades para crecer en nuevas direcciones. La conciencia social se traduce en la sensibilidad de los líderes para reconocer sus emociones y las de otros y en su capacidad para dirigirlas adecuadamente hacia el logro de la visión. El líder inteligente emocionalmente dispone de un radar que le permite ser un receptor sensible a las señales que los otros envían acerca de su estado emocional y de su nivel de motivación con respecto a un proyecto. Posee la capacidad de escucha activa, así como la capacidad para expresarse asertivamente, de manera certera, con base en su auto-conocimiento y autocontrol.

El líder creativo y emocionalmente inteligente influye activamente para generar un clima emocional en donde permea la confianza en el que la persona no se sienta amenazada psicológicamente. El líder genera las condiciones para que los miembros del equipo perciban la posibilidad de tomar riesgos y de probar nuevos caminos, requisito indispensable para la innovación.


El líder emocionalmente inteligente cuenta con las competencias para influir en otros por medio de la gestión de las relaciones comunicándoles de manera efectiva el beneficio y las ventajas que se obtendrán al encaminarse a la visión planteada. Es capaz de inspirar y convencer a los otros. Pone en práctica su creatividad al alinear la visión común con la posibilidad de desarrollo y crecimiento de cada uno de los miembros del equipo.

El líder se convierte en un catalizador del cambio capaz de mantener la motivación en un buen nivel, reconociendo los sentimientos y emociones de las personas y atendiendo oportunamente los conflictos para mantener la dirección de la energía hacia el logro de una meta común.


El bien más importante en las organizaciones está en los talentos de las personas que las integran. Si se ignoran las emociones, y se continúa haciendo énfasis exclusivamente en el pensamiento "lógico", se corre el riesgo no sólo de desaprovechar esos talentos, sino de perderlos, cediéndoselos a otras organizaciones. El desarrollo de la inteligencia emocional y de las habilidades para la creatividad incrementan el potencial del individuo al favorecer la conexión entre pensamiento, emoción y cuerpo. Un líder creativo e inteligente emocionalmente es capaz de obtener lo mejor de las personas que colaboran con él, favoreciendo su crecimiento y creatividad, abriendo múltiples vías de acción que inevitablemente conducen, no sólo a la prosperidad de cada uno de los miembros del equipo, sino de la organización.



Fuente Consultada:

Álvarez de M; y otros. (2001). Paradigma del liderazgo. McGraw-Hill Interamericana de España.



Aporte:

Luisana González

Inteligencia Emocional



Aporte:
Luisana González